MUTACIONES

Puede llegar cuando menos te lo esperas o como culminación de un proceso. Lo mío duró unos meses pero solo fui consciente de ello cuando me volvieron a colgar donde estaba antes. Como tantas otras veces fue la mirada de los otros la que me reveló el cambio. Mi cambio.

Antes era solo uno más. Y no el mejor. A pesar de las críticas o precisamente por ellas, ahora soy único y creo que mi historia puede servir de ejemplo para la gente que se sienta un poco perdida.

Mi cambio ha sido radical. Cuando un cuadro se restaura se intenta devolver a la pintura sus pinceladas y colores originales. La autora de mi cambio se saltó las reglas e involuntariamente me entregó la eternidad y la gloria. Algo que nunca hubiera conseguido con una restauración convencional; “El patito feo” contado al revés pero con final aún más feliz.

Como la gente que se somete a operaciones de cirugía plástica mi rostro con el arreglo no fue hacia atrás, hacia sus orígenes, fue en otra dirección y mucho más estimulante que la que habitualmente ofrecen los cirujanos.

Lo que antes era una corona de espinas ahora se ha transformado en una especie de gorrito de piel que me da una aire a Anouk Aimeé  y me viene de perlas para el frío que pega por las noches en esta puñetera iglesia de Borja. Ahora luzco un brillante afeitado y mi mirada ya no se eleva hacia Dios con aire suplicante ¡Lo que me aburría mirando siempre a la misma esquina! Ahora mis ojos se clavan en todo el que me contempla, desafiantes, y no me pierdo detalle de todos los que abarrotan la iglesia para visitarme.

MI boca ya no está cerrada, parece gritar que es lo que piden los tiempos. Que ya no se puede estar callado ni delante de Dios.

Ya no doy pena como hacen todos los Ecce Homos del mundo ni tengo pinta de cargar una cruz eterna. Y parezco cualquier cosa menos alguien dispuesto a soportar un Viacrucis para salvar el alma de la humanidad.  En definitiva, ya no sufro.

A algunos les provoco risa pero a muchos, aunque no lo reconozcan, les doy miedo.  Sigo siendo un Cristo pero no lo parezco y está claro que en la imaginación de mi restauradora navegaban monstruos que, dada su avanzada edad, solo podía expulsar pintando. Como hacía Goya.

Probablemente si hubiera sabido en qué me iba a transformar habría intentado impedirlo. Los cambios nos asustan y nos pasamos la vida intentando acomodarnos a nosotros mismos sin darnos cuenta que podemos ser otra cosa.

La mayoría  no cambia nunca y prefiere quedarse mirando la misma esquina durante toda su existencia, como bien han demostrado las elecciones gallegas (¿Qué tiene que pasar para que “cambien”?)

Piensen por un momento en ese cambio que todavía tienen pendiente y no esperen que llegue una restauradora supercreativa a solucionarles la papeleta.

El cambio es cosa suya.

Por mi parte solo me queda una duda ¿Qué pensará Dios de mi transformación? ¿Le parecerá bien que su hijo en la tierra haya dejado de sufrir?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s